 Sí, es él. Un ex-concejal del Ayuntamiento de Santa Cruz, en relación con los conatos de incendio del edificio de la C/ General Antequera, que por cierto sigue ocupado a fecha de hoy, dice estar convencido de que fueron provocados y que alguno de aquellos sindicalistas que " no se cansaban de repetirme que yo sería el responsable si algún compañero, en la angustia que se provoca la evacuación de un edificio en el que se ha producido un conato de incendio, podía lesionarse o matarse al bajar a toda prisa por las escaleras" era, siempre según la versión de D. Guillermo Núñez, " un auténtico delincuente que se dedicaba a provocar incendios y que difícilmente iba a ser alguna vez imputado por ello". No es broma, aquí está el link
¿Estás imputado? Durante una etapa ya pasada de mi vida en la que ocupé un cargo de representación política por elección popular en el Ayuntamiento de la capital de la isla de Tenerife, he de reconocer que una de mis mayores preocupaciones estuvo siempre centrada en poder ser imputado por la comisión de algún posible delito, sobre todo, a raíz de los conatos de incendio –estoy convencido que provocados- que por tres ocasiones en menos de un año se produjeron en el edificio que albergaba a la mayoría de los funcionarios municipales , y que no reunía las condiciones establecidas por la leyes vigentes en materia de condiciones de seguridad. Algunos representantes sindicales del personal no se cansaban de repetirme que yo sería el responsable si algún compañero, en la angustia que se provoca la evacuación de un edificio en el que se ha producido un conato de incendio, podía lesionarse o matarse al bajar a toda prisa por las escaleras.
Aparte de estar convencido de que alguno de aquellos sindicalistas era un auténtico delincuente que se dedicaba a provocar incendios y que difícilmente iba a ser alguna vez imputado por ello, lo cierto es que esa sospecha no podía exteriorizarla públicamente, pues sólo tenía eso, una simple sospecha. Mientras tanto, cada vez que se producía un conato de incendio en el edificio municipal, algún medio de comunicación dedicaba un amplio despliegue informativo destinado a cuestionar mi actuación irresponsable como cargo público que permitía que unos cuantos cientos de servidores públicos estuvieran desarrollando su labor en condiciones “indignas” y claramente ilegales. Nunca supe en verdad si el medio en cuestión elaboraba la supuesta información antes del conato de incendio o después de acontecido el mismo, pero siempre intuí que si alguna vez llegaba a ser imputado, aquella información manipulada podía ser utilizada en mi contra. Es sabido que ostentar la condición de imputado no es algo privativo de los miembros de la clase política. Es una condición que cualquier ciudadano puede padecer en un momento u otro de su vida, sin que ello signifique en absoluto que el mismo sea culpable necesariamente de una actuación calificada como delictiva. Sin embargo, bien es verdad que si se ostenta una responsabilidad pública, las posibilidades de estar imputado aumentan de manera progresiva, máxime, si en el ámbito de la política se generaliza un tipo de actuación inscribible en lo que se ha denominado como judicialización de la vida política; esto es, utilizar la ley de manera torticera para tratar de abatir al adversario por métodos extraños a los propios de la vida política. Está claro que ni todos los políticos son iguales, ni todos los seres humanos tampoco, al menos, en lo que al cumplimiento de la ley se refiere. Pero también es verdad que si alguien está imputado en alguna causa abierta ante un tribunal de justicia, ello no significa en caso alguno que sea culpable de nada. Esto último es lo que realmente falla en nuestra sociedad, pues ni la mayoría de los políticos, ni la mayoría de los periodistas, ni la mayoría de los ciudadanos, han asumido con todas sus consecuencias las exigencias éticas que se derivan del reconocimiento del derecho a la presunción de inocencia: nadie es culpable hasta tanto no haya sido debidamente condenado por un tribunal de justicia con todas las garantías de defensa que la ley pone a su disposición. Así que ante la pregunta ¿está usted imputado?, si la respuesta es afirmativa, no concluyamos de manera precipitada y, sobre todo, injusta, que el sujeto es culpable. ¿QUIERES SABER MÁS? EL DÍA, 27 de mayo de 2008 EL DÍA, 8 de noviembre de 2009 EL BLOGO FEROZ, 7 de abril de 2010 DIARIO DE AVISOS, 19 de abril de 2010 |